Fragmentos

Un ejemplo

            No hay fracaso mayor     

Habla, Ania, que te escucho y te comprendo. Entre tu alma y la mía hay una puerta abierta que puedes cruzar si quieres. Tus dudas ya son mías, tus temores ya son míos, tus alegrías me alegran como a ti. Ya somos uno, Ania. Habla, para que sientas que tu interior pasa al mío. Habla, aunque intuyas que yo te entiendo sin oírte, por el puro placer de compartirte, para sentir que no estás sola. Háblame para negar tu destino. Venimos al mundo solos, vivimos rodeados del movimiento de otros, de los olores de otros, de sus voces, de sus miradas, de sus risas y de sus llantos, pero esencialmente solos, y al final del camino, cuando más necesitados estamos de compañía, nos morimos solos, por mucha gente que esté a nuestro alrededor. Por eso no hay mayor satisfacción que la de fundirse en un abrazo ni proyecto más hermoso que el de compartir una vida. Y por eso no hay dolor más grande que el producido por la traición ni fracaso más clamoroso que el de una pareja rota.