Novelas, cuentos, distopía

El mecanismo de la suerte.pdf (518 kB) 

 

        El mecanismo de la suerte es una novela corta, ambientada en Pozoblanco,  escrita sin más pretensiones que las de entretener al lector. En ella se narra el extraño caso de un hombre que encuentra entre los papeles perdidos por otro una de las disparatadas fórmulas matemáticas de que se sirve el azar para llevar a cabo sus designios.  La narración cuenta con fórmulas y tablas de las que el lector puede prescindir totalmente sin que por ello pierda en modo alguno el hilo del discurso narrativo.

        Las referencias que se citan en ella son de 1.995, año en el que fue escrita.

 

        Fragmento ilustrativo:

        – Es verdad –dijo–. Pero esa relación cierta y exacta entre el movimiento de la Tierra y algo tan artificial como el meridiano 0 demuestra que en el cosmos también hay principios disparatados, que, aunque nada tienen que ver con la lógica actual, son igualmente cognoscibles. Por lo que se ve, existen leyes absurdas que no sólo marcan el destino de los cuerpos inertes, sino que gobiernan el devenir de los seres vivos, incluido el de los hombres. Quizá, incluso, nuestro libre albedrío sea pura ficción, y en un acto de soberbia creamos que gobernamos nuestros pasos cuando en realidad nos limitamos a dar aquellos que nos han sido marcados. Al final, y por increíble que le pareciera hace un rato, sus deseos pueden convertirse en realidad. ¿No decía que le gustaría repartir nuestros papeles en el mundo en función del ingenio y del trabajo de cada uno? Pues al parecer el futuro dependerá de nosotros mismos, de la forma, además, que usted imaginó: el Ser Superior ha dispuesto una serie de reglas absurdas cuyo descubrimiento acabará otorgando a los hombres el dominio completo sobre el azar. Que los resultados de una lotería como la quiniela, siendo la lotería lo más aleatorio conocido, puedan llegar a conocerse con seguridad, demuestra hasta qué punto es cierto cuanto estoy diciendo. Si este pequeño hallazgo nuestro llegara a hacerse público, los hombres se lanzarían desesperadamente al descubrimiento de esas reglas. Imagínese a millones de científicos, mentes privilegiadas, abandonando sus campos de investigación para ahondar en la nueva teoría.