Novelas, cuentos, distopía

Si hubiera habido una autoridad, esos hombres de la calle se hubieran lanzado contra ella, arremolinados en una masa enfebrecida, para derribar la puerta de su palacio, arrasar en tropel sus estancias y defecar sobre su escritorio de madera labrada y sobre la colcha de hilo de su cama, y quizá la hubieran capturado huyendo bajo un disfraz infamante y, en tal caso, la hubieran vapuleado en un tumulto de insultos, puñetazos y patadas y la hubieran arrastrado, ya un guiñapo de carne tumefacta, hasta un balcón o una farola, donde la hubieran colgado para que todo el mundo pudiera escupirle, apedrearla y mearse en su sombra. Pero ni había autoridad ni en un sentido estricto la había habido nunca, por lo que en la Historia del Estado con capital en Sholombra no figuraban revoluciones ni golpes de Estado ni guerras civiles. Ni siquiera figuraban nombres de gobernantes o de ciudadanos ilustres. Los libros de Historia se limitaban al estudio de la evolución de la sociedad y al de las guerras fronterizas y se copiaban unos de otros sin ningún ánimo crítico, como se reproducían los libros de las leyes inmutables.