Novelas, cuentos, distopía

 

Uno puede aceptar su mortalidad y ser feliz, como sintiendo en la noche el frescor de la brisa tras un día de bochorno. ¡Qué bien se está aquí!, decimos entonces, cerramos los ojos y percibimos el gustazo de abandonar los sentidos al ritmo que quieran marcarle las leyes de ese pequeño mundo que nos rodea. ¡Qué bien se está aquí, contigo! ¡Qué sensación más agradable que me oigas estas simplezas y me sonrías! Me gustaría quedarme quieto mientras el tiempo nos gasta como hace con los cometas, las montañas y los árboles, sintiendo cómo a nuestro alrededor respiran las plantas y se desmoronan las cosas.