Novelas, cuentos, distopía

"Ania estaba dormida y desnuda y en algún lugar del mundo de afuera los ciudadanos estaban empezando a salir a la calle para iniciar otra jornada más, igual de huera que todas las anteriores y, en consecuencia, estúpidamente desaprovechada. Ania estaba dormida y yo la observaba indagando en la anatomía de su alma con el distraído ensimismamiento que un amante de la Geografía explora un mapa meticuloso de lugares inexplorados. No había paisaje más hermoso, ni acción más intemporal, ni mayor justificación para haber nacido que hacer lo que yo estaba haciendo".